DIVAGACIONES SOBRE EL “PERSONAJE”

Al hilo de los puntos de partida de la creación y el proceso de ensayos de “Sorrow” recibí en las charlas posteriores a su exhibición en Vigo y en Sevilla preguntas sobre qué me había llevado o en qué me había inspirado para crear es “personaje”.

Es gracioso porque precisamente la idea inicial era la de crear un no-personaje, a partit de unos textos de Jose Ángel Valente que me parecieron tremendamente inspiradores y emocionantes:

“Primero : no tener personaje.

Segundo: no depender jamás en nada como depende el político o, en general el hombre público del personaje posible, del personaje que alguien le adjudica a uno, aunque uno no lo haya engendrado.”

Jose Ángel Valente

Y sobre la idea del autorretrato:

“¿Hacer un autorretrato? ¿Retratarse a sí mismo? Pero el sí mismo sólo es visualizable por oposición a otro. Tan sólo hay , según la teología negativa de Occidente, un ser que no es otro con respecto a nadie, el non-aliud. ¿Sería ése, del que nada sabemos que pueda afirmarse el único que tendría un retrato, por lo demás imposible?

Para retratarse hay que mirarse a uno mismo. Pero cuando trato de mirar a un presunto mí mismo, siempre veo a otro y , por lo general, no suelo reconocerme. Por eso escribí, hace tiempo, que Narciso es el mito de la epifanía del otro en la imagen de sí. El sí mismo se descubre como otro y , al término de esa cadena de sucesivos descubrimientos, descubre la desnuda verdad: “ Comprendí en un relámpago íntimo que no soy nadie. Nadie absolutamente nadie”, escribieron , en un juego irrenunciable de íntimas sustituciones Bernardo Soares y Fernando Pessoa. Ser nadie es la sucesión reflejada del otro y de los otros. Nadie era el prudente Odiseo y ser nadie le permitió sobrevivir”

“ Cada uno de nosotros – escriben los precitados autores lusos – es varios, es muchos, es una prolijidad de sí mismos” ¿Con cual quedarse o cual se quedará con nosotros?”

Jose Ángel Valente

“La noción de anonimia interesó a Valente de manera muy viva y constante desde los años de su juventud. Entre los muchos ejemplos que podrían aquí aducirse, me limitaré a recordar unas expresivas líneas de un texto de 1980 en las que se lee: “El escritor es en rigor anónimo. No se le reconoce por su vida. En realidad su vida se ha desconocido siempre. (…)” El motivo o tema de la identidad reaparece como es sabido, en la obra poética de Valente, una obra en la que el yo es una y otra vez cuestionado o impugnado; el rostro de ese yo es, según un poema de A modo de esperanza una “máscara de nadie”. En ocasiones, ese cuestionamiento llega incluso a convertirse en un problema práctico, como le sucedió al autor en 1981: invitado a escribir una cronología personal con destino a un volumen sobre su propia obra , formado por artículos de diferentes críticos , Valente se ve de pronto ante la dificultad de establecer una sencilla cronología por lo que se siente obligado a escribir lo que sigue acerca de un texto todavía no redactado: “La presente cronología personal es o resulta insuficientemente incompleta como es o resulta insuficientemente incompleta la identidad o persona del autor.” Existen fundadas razones para pensar que esa cronología personal nunca fue escrita.

Andrés Sánchez Robayna en la introducción al “Diario anónimo” de Jose Ángel Valente.

No se si tiene relación directa con la fascinación que me produce esta visión del yo. El caso es que a veces en los talleres y cursos, especialmente cuando trabajo con actores , aparecen preguntas sobre si lo que vamos a hacer en escena lo hacemos nosotros o si lo hacemos desde un personaje. Yo trato de responder que lo que les sea más fácil para sentirse libres y jugar a la hora de hacerlo. Y entiendo que no estoy ayudándoles mucho ni hincándole el diente a una cuestión que supongo que para ellos que están acostumbrados a interpretar textos teatrales en los que efectivamente son “personajes” definidos y determinados los que intervienen en escena. Realmente no tengo una respuesta para ellos.

Mi experiencia con el tipo de creación que yo hago es realmente bien distinta: he disfrutado de una libertad y un gusto por el no cuestionamiento que me ha permitido explorar e investigar sobre mi propia identidad desde lo lúdico y el placer.

Cuando estoy en escena la acción física me conecta conmigo, no con ninguna idea de “otro”, pero no de manera necesariamente autobiográfica ( a veces sí, pero siempre entre lo auténtico y lo inventado) sino a la de alguien, aquí y ahora está haciendo esto. La repercusión de esa acción, física y emocional, se convierte en la materia de trabajo. Quizás en la manera de procesar y asumir esa acción es donde yo “estoy” , donde me implico y dejo que “se me vea el plumero”. Ahí sí descubro y me sorprendo con la multiplicidad del “yo” que potencialmente todos acarreamos.

Esta forma de focalizar el trabajo me sirve (especialmente en el trabajo de solos) para desmontar y pulverizar no a un personaje que interpreto en escena, sino el personaje que construyo e interpreto en el día a día.

Es este personaje cotidiano fruto de lo que creemos de nosotros mismos, de lo que nos gustaría hacer creer a los demás y de lo que lo demás creen y ven en nosotros el que más fácilmente se acartona y endurece, constriñendo nuestra identidad y creando una ilusión ficticia que separa entre lo que soy y no soy, lo que sí puedo hacer y lo que no….

Un yogui me comentó una vez que en su tradición el “ego” es llamado “el gran travesti” porque adopta formas que no le son propias, se adueña de ellas y hace creer al “yo” que es otra cosa de lo que en esencia es…. Esta anécdota, aunque mal y superficialmente redactada me parece muy sugerente para explicar que en la medida de lo posible (cada proyecto tiene sus características específicas) cada creación , cada papel, cada proyecto de escenario puede ser una oportunidad para flexibilizar y dar elasticidad a nuestra mente, nuestra identidad, nuestra capacidad de conectar y comunicar, de representarnos a nosotros mismos y a cualquiera, de ser cualquiera (siempre me pareció paradójico que algunos bailarines se preocupen tanto de la flexibilidad de sus músculos y tan poco de la de su mente).

No se si consigo explicarme bien, pero quiero decir que en este tipo de trabajo, aun acometiendo las acciones más ridículas y bochornosas, o extremas o comprometidas, siempre me he sentido “yo”, conectado conmigo, explorando mi universo, de una manera mucho más sincera y honesta de lo que a menudo me siento en mi vida.

En definitiva que estos dilemas y conflictos que surgen con el concepto de “intérprete” o “personaje” a veces vienen dado más que por el trabajo propiamente dicho, por las limitaciones que impone ese “personaje público” que sin querer a veces se apodera de nuestras acciones y decisiones, que nos obliga a hacer lo que “se supone que debo decir y hacer” en lugar de aquello que realmente quiero hacer y decir.

Suscribo y trato de seguir a Valente, y termino con su cita inicial, que me parece maravillosa y necesaria:

“Primero : no tener personaje.

Segundo: no depender jamás en nada como depende el político o, en general el hombre público del personaje posible, del personaje que alguien le adjudica a uno, aunque uno no lo haya engendrado.”

Jose Ángel Valente

los crédito de las fotos y nombre de los espectáculos están sobre la imagen!

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3 pensamientos en “DIVAGACIONES SOBRE EL “PERSONAJE”

  1. Tus escritos me están conectando con momentos en los que me gustaba leer filosofía (o ensayos, en general) y meditar y escribir sobre ella. En fin, gracias.
    Todo lo que describes es a lo que yo también me refiero cuando digo que un artista es sincero, coherente y humilde. Y tú mismo lo estás reconociendo hacia el final, ese es tu concepto de sinceridad, pero, ojo, natural como es en ti, si no ya no es sincero. La humildad y la sinceridad no nos la podemos imponer, la sentimos como algo nuestro y físico y por eso da resultado, si no es un timo y eso se percibe siempre en escena.
    Como licenciada en Teoría de la Literatura y Lit. Comparada, aprovecho para decir algo al hilo de esto del personaje, de qué hay de uno o de personaje en un artista. Existe un error, quizás inevitable, quizás afianzado por la tradición, de preguntarnos qué hay de biográfico en una obra. Necesitamos historizarlo todo, contextualizarlo para no perdernos, saber si ese que se fustiga en escena en realidad es sadomasoquista en su casa, porque necesitamos comprender más de lo que debemos. Y es un error. La educación normativa tiene mucha culpa de eso. Deberían habernos enseñado a entender el arte sin pensar en sus artistas, en si lo que creaban era parte de su vida, su experiencia o no. Obviamente, lo es, como dices, todo eres tú, todo y nada, todos los personajes y ninguno, pero no buscar la raíz biográfica a todo. Eso es un error que impide al lector y al espectador abstraerse, disfrutar y “entender” el discurso artístico.
    Me parece realmente interesante este tema del personaje y más en alguien como tú, del teatro, con tanta trayectoria, estás hablando del proceso creativo en realidad, de cómo lo vive un intérprete, y saber que lo vive natural y sincero, porque todo lo que pasa por tu piel y por ti eres tú, sea extremo o no, me parece un ejemplo de humildad.
    Es común en los que salen a escena sentirse más libres con máscaras. No veo tan difícil (a lo mejor no tengo ni idea) interpretar personajes extremos histriónicos, asesinos, psicópatas, como crear personajes que viven en la sutileza de los sentimientos más comunes, de las vidas humanas más simples. Porque algunos saben refugiarse muy bien en papeles extremos porque son caretas donde esconder sus cosas. Lo difícil es cuando las frontereas se borran y no sabes si estás dando demasiado de ti.
    Asumir desde el principio, antes de salir al fango creativo, que lo que harás serás tú, sea lo más inesperado, lo más normalito o lo más increíble, te coloca en un punto muy elevado de honestidad y de supremacía creativa, te da la libertad y la autoridad constantes de ser tú mismo siendo todos o ninguno.

    Fantástico tema, fantástico post. Cierro ya mi comentario porque como verás no tengo límite. Puedes eliminarlo un día de estos, que ocupa mucho, jajaja.

    Besos, artista

    • Lejos de eliminarlo de lo que siento deseo es de hacer corta y pega de tu comentario y colocarlo como una entrada más del blog, de pagarte como co-autora. Me apunto las reflexiones que me parecen tan certeras y , no digamos que te contesto pero sí que te sigo el hilo de lo que dices porque me sugiere una nueva entrada para seguir divagando. Gracias Nerea, y artista, qunque no te guste la etiqueta, tú. Besos mil.

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