Siguiendo el hilo de Baudrillard

Durante el proceso de creación e investigación de “Días  Pasan Cosas “, Jose Mª Sánchez Rey, intérprete y escenógrafo del proyecto, propuso “EL sistema de los objetos” de Jean Baudrillard (1968) como texto de documentación para extraer ideas para la pieza.

Nos sorprendió la actualidad que el ensayo de Baudillard seguía teniendo hoy en día y encontramos un buen montón de apuntes y conceptos inspiradores para el trabajo. Sin ánimo de hacer un tratado denso ni sesudo (y en mi caso sin estar preparado ni siquiera para ello), nos sedujo y estimuló el enfoque que propone sobre nuestros objetos cotidianos.

A lo largo de su discurso, Baudrillard hace un repaso de la evolución de los objetos domésticos y con un lenguaje accesible y ameno consigue introducirte en la interpretación de los usos simbólicos y secretos, de los significados de nuestros enseres: “clasificar la inmensa vegetación de los objetos como una flora o fauna , con sus especies tropicales , polares, sus bruscas mutaciones , sus especies que están a punto de desaparecer”. Creo que podría resumirse como “llevar conciencia a nuestra vida ordinaria”.

Sus palabras fueron de gran valor a la hora de hacernos reflexionar a cerca de uno de los puntos de trabajo de nuestro proyecto sobre el que hasta el momento de dar con él andábamos bastante perdidos: Qué historias guardan los objetos y cuál es su potencial de conectarnos con nuestra existencia, por qué de cuando en cuando la aparición de un objeto o la contemplación de ese otro con el que convivimos cada día nos revelan aspectos de nosotros mismos con una fuerza y una claridad asombrosa.

Preguntas que nos inquietaban y nos atraían sin ser capaces de formularlas ni  responderlas con precisión. Por ejemplo, ¿Por qué los enseres y muebles de las casas de nuestros abuelos son completamente distintos cuando los observamos en la actualidad, insertados en nuestras viviendas?

En el “Sistema de los objetos”, entre otras cosas, se disecciona el valor y el sentido que objetos como los espejos, los relojes o las fotos familiares cumplían en el pasado y cómo al evolucionar la sociedad y los intereses del hombre estos evolucionan y tienden a transformarse unos, a desparecer otros ( ya no queremos tener retratos visibles que nos recuerden quienes somos ni lo que hicimos, tendemos a guardar en otro tipo de soportes fotografías que nos muestren como queremos ser, fabulaciones de nuestra propia persona, cambia el sentido y la colocación del espejo que nos devuelve nuestra imagen, los relojes que con su tic tac dividen y cuantifican el tiempo y que “paradójicamente son símbolo de la permanencia y de la introyección del tiempo” se descuelgan de las paredes y se ocultan….) . Así Baudrillard repasa la configuración del mobiliario como imagen fiel de las estructuras familiares y sociales de una época, con conclusiones siempre sorprendentes de aspectos aparentemente banales.

Recuerdo por ejemplo sus reflexiones sobre los asientos y las lecturas tan interesantes que surgen a partir del cambio de la altura de los mismos:

“La función mínima de los innumerables asientos que llenan las revistas de muebles y decoración es , sin duda, la de permitir a la gente sentarse. Sentarse para descansar, sentarse a una mesa para comer. La silla ya no gravita en trono a la mesa. Hoy en día es el asiento que cobra su sentido propio y a él se subordinan las mesas bajas. Ahora bien, este sentido ya no es de postura corporal, sino de posición recíproca de los interlocutores. La disposición general de los asientos  el cambio recíproco y sutil de posiciones, en el transcurso de una velada, por ejemplo, constituyen por sí solos un discurso. Los asientos modernos (desde el “puf” hasta el canapé, desde el taburete hasta el sillón individual) ponen el acento, dondequiera , en la sociabilidad y la interlocución: Lejos de acusar la posición sentada, en lo que puede tener de específico la confrontación, favorecen una suerte de posición universal del ser social moderno. Ya no hay camas para acostarse ni sillas para sentarse sino asientos funcionales que hacen de todas las posiciones (y por consiguiente de todas las relaciones humanas) una síntesis libre. Todo moralismo queda excluido: ya no se hace frente a nada. Imposible montar en cólera , imposible discutir, o tratar de convencer. Condicionan una sociabilidad fácil, sin exigencias, abierta, pero en el juego. Desde el fondo de estos asientos , ya no se tiene que sostener la mirada de otro, ni fijar la propia en él: están hechos de manera que las miradas tienen razón en no hacer más que pasearse por las demás personas , pues el ángulo y la profundidad del asiento reducen “naturalmente” las miradas a una media altura, a una altura difusa en la que se les unen las palabras. Estos asientos tal vez dan satisfacción a una preocupación fundamental: la de no estar nunca solo , pero tampoco cara a cara con alguien. Aflojamiento del cuerpo pero sobre todo poner a descansar la mirada, dimensión peligrosa. La sociedad moderna , al liberarnos grandemente de la promiscuidad de las funciones primarias , acusa la promiscuidad de las funciones secundarias, acusa la promiscuidad de las miradas y su dimensión trágica. Así también , tal y como las exigencias primarias quedan veladas, se hace todo lo necesario por quitarle a la sociabilidad lo que podía tener de abrupto, de contradictorio y , en el fondo de obsceno que es el juego directo de la agresividad y del deseo de la mirada.”

“El Sistema de los objetos”

Jan Baudrillard

No se si lo encontráis tan sugerente e inspirador como nos pareció a nosotros pero la realidad es que esta obra estuvo planeando durante toda la creación e incluso terminó por condicionar directamente algunos momentos de la obra, como ése en el que el propio Jose Mª Sánchez Rey muestra con una expresión neutra objetos de comedor antiguos como soperas, bajo platos o cucharillas de café de plata mientras en primer término se proyectan películas antiguas de super8  de su familia ( es uno de mis momentos favoritos y nunca deja de emocionarme la manera en la que esos adultos miran al objetivo del tomavistas con una inocencia y una novedad que ya es imposible de encontrar ni en niños pequeños y en segundo término aparecen esos objetos que a todos nos llevan a uno u otro rincón de nuestra memoria lejana).

 

Al hilo del tema del “despertar” del cuerpo sobre el que he hablado en las últimas entradas, recordé otra reflexión que hace el autor y que me parece tremendamente actual y muy a tener en cuenta para repensar el nuevo papel que la danza debería jugar en el ámbito social.

Siguiendo la evolución del gesto del esfuerzo Braudillard nos guía desde los tiempos en los que la relación del hombre con sus herramientas de trabajo estaban mediatizadas por la energía muscular y la energía humana era equivalente a la animal (y que permanece casi inmutable a lo largo de siglos) hasta el momento actual en la que después de la revolución de las fuentes de energía y la era tecnológica propicia un gestual funcional de control: el hombre se libera de sus herramientas y objetos de forma que la prensión e implicación de todo el cuerpo es sustituida por el contacto (sólo se necesita el contacto e implicación de manos o pies para accionar y realizar los trabajos, a veces sólo la mirada e incluso sólo la presencia como en el caso de la aparición de las células fotoeléctricas).

Incluso llega el momento en que la interacción del hombre sólo se mantiene como una forma de seguir haciéndonos sentir que “somos necesarios”, que “tenemos el control”: “Este gestual mínimo es en cierta manera necesario: sin él toda esta abstracción de poderío perdería su sentido. Es necesario que una participación, por lo menos formal le asegure al hombre su poderío. A este respecto, podemos afirmar que el gestual de control sigue siendo esencial, no para el buen funcionamiento técnico (una técnica más avanzada podría prescindir de él y sin duda lo hará), sino para el buen funcionamiento del sistema”.

Concreta en el ejemplo de la mano y cómo deja de ser el órgano de presión en el que culmina el esfuerzo para pasar a ser el signo abstracto del manejo , los nuevos objetos “abrazan” la mano, la envuelven : “el objeto tradicional no “abrazaba” de ninguna manera las formas del hombre. Se ajustaba al esfuerzo y al gesto ; por lo demás el cuerpo del hombre se imponía a los objetos para realizar un trabajo material. Hoy en día, el cuerpo del hombre no parece encontrarse allí más que como la razón abstracta de la forma acabada del objeto funcional. La funcionalidad, por consiguiente, ya no es imposición de un trabajo real, sino la adaptación de una forma a otra (de la manija a la mano) y , a través de ella, la elisión, la omisión de los procesos reales de trabajo”.

¡Y eso que Braudillard escribió todo esto mucho años antes de que las pantallas táctiles y demás dispositivos de última generación llegaran a todos nosotros a través del uso de los smartphones! ¡Me gustaría haberlo visto contemplar a niños pequeños tratando con un gesto de sus dedos de ampliar la foto de una revista impresa sin entender por qué no funcionaba “el mecanismo”!

 Es evidente que, como señala, “se ha producido una verdadera revolución en el nivel cotidiano; los objetos se han vuelto hoy más complejos que los comportamientos del hombre relativo a esos objetos.” Y añade: “El hombre se vuelve menos coherente que sus objetos”.

Eso sí, su visión no es ni mucho menos nostálgica ni fatalista, no dejando de reconocer y alabar las ventajas de esta evolución: “No se trata de poetizar el esfuerzo ni el gestual tradicional: cuando se piensa que a lo largo de los siglos el hombre compensó con sus propias fuerzas las insuficiencias de sus herramientas, que después de los esclavos y los siervos los campesinos y los artesanos tuvieron todavía en sus manos objetos que les llegaban directamente de la edad de piedra , no se puede menos que aclamar la abstracción de las fuerzas de la energía y la obsolescencia de un gestual que, en el fondo, no era sino el de la servidumbre”.

Lo que sí me parece , una vez entendido y reflexionado este proceso y las consecuencias de esta evolución es el replanteamiento de nuestra relación con el cuerpo. El propio autor nos reconduce a ello: “ El cuerpo , olvidado por la praxis moderna , pero liberado de sus constreñimientos , encuentra en el deporte y en las actividades físicas de ocio una posibilidad real de expresión, al menos una posibilidad compensadora de gasto (en efecto, podemos preguntarnos si el desdoblamiento del gestual de esfuerzo instaura una libertad real del cuerpo , o si simplemente establece un sistema de dos términos , el segundo de los cuales [aquí el juego y el deporte] no es precisamente más que el término compensador del primero. Igual proceso en el desdoblamiento del tiempo en activo y del tiempo de ocio”.

El deporte, la danza y la actividad sexual adquieren un nuevo potencial no sólo como adiestradores del cuerpo que necesita de su empleo profundo e implicado para su desarrollo y para su equilibrio y buen estado ( ya sabemos que para descansar es preciso haberse cansado previamente y que la única manera de conocer y manejar nuestro cuerpo es a través de su puesta en marcha y práctica, no valen los manuales teóricos). Se convierten además en los nuevos rituales (o viejos rituales pero con nuevo sentido) que nos conectan y pacifican con nuestra naturaleza. La reflexión de Braudillard no hace sino subrayar la acuciante necesidad de suplir un contacto y empleo de nuestro físico del que cada vez más las nuevas tecnologías nos eximen. Para poder disfrutar de sus ventajas pero no pagar las facturas de desligarnos cada vez más de nuestro cuerpo requerimos llenar ese vacío, buscar opciones sustitutivas.. Creo que hoy en día ser espectador de danza adquiere el valor añadido de asistir a un ritual del esfuerzo y celebración del físico que cada vez va siendo más necesario y preciado en nuestra sociedad. Y practicarla debe ser una opción clara, consciente y valorada de mantener una relación saludable, inteligente y necesaria de “habitar” y conocer nuestro cuerpo.

 Frente a modelos de deporte de consumo (la actividad del los gimnasios nos facilita la adquisición de un modelo de cuerpo admirado socialmente pero que no cumple con la optimización de nuestras potencialidades fisiológicas) e incluso para poder mantener una vida sexual activa y vigorizante hay que estar a punto. No me voy a meter a sexólogo ni mucho menos dar consejos sobre sexualidad, considero que cada uno tiene ya bastante con organizarse y mantener en buen estado la suya. Pero me permitiréis que con humor os recuerde el dicho popular que dice “cuando las lumbares no están sanas hay problemas en la sala y problemas en la cama”. Y también que os cuente que en una ocasión comprobé no sin cierto estupor que una sesudísima revista de osteopatía francesa incluía un artículo científico sobre los devastadores perjuicios de una felación realizada con tensión en las cervicales y  en la mandíbula. Es decir , que para todo se hace necesario unos mínimos de conciencia corporal, de acondicionamiento físico y adiestramiento corporal.

Concluyo reiterando que en mi opinión falta aún por parte del sector de la danza de la toma de conciencia de este nuevo papel que debemos jugar en la sociedad como protagonistas  . A medida que podemos prescindir del cuerpo y del esfuerzo para realizar nuestras trabajos y labores profesionales y cotidianas, tenemos que ser capaces de suplir este vacío y generar opciones de relación con ese mismo cuerpo que nos acompañará toda la vida y sin cuyo bienestar no gozaremos de ninguna de las nuevas ventajas que nos ofrece esta verdadera revolución tecnológica y energética.

No podemos mirar a otro lado cuando cada vez hay más casos de obesidad infantil y de niños y jóvenes con cuerpos disfuncionales y problemas físicos (y sus derivados a nivel mental) de todo tipo cuando contamos con las herramientas y los conocimientos para solucionarlos y al mismo tiempo que la sociedad se beneficiará, también el sector de la danza podría afianzarse y revalidar un futuro que en ocasiones parece tan incierto.

Pero eso no pasará sin una reflexión y un replanteamiento profundo de todo el sector profesional que abarque todas sus facetas y manifestaciones, desde el ámbito de la docencia hasta el de la creación.

Para los que os interese la lectura de “El sistema de los objetos” de Jan Braudillard y sacar vuestras propias conclusiones, completar y/o revalidar las mías, podéis encontrarlo y descargarlo AQUÍ

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2 pensamientos en “Siguiendo el hilo de Baudrillard

  1. Creo que ese espectador al que aludes, debe generar también su propio esfuerzo y constituir en actividad su contemplación. Lo que implica, por lo tanto, un doble ritual de ida y vuelta: “danza y combate”, según la concepción clásica del arte griego y que en palabras de Michel de Certeau es propio de la escritura del relato sobre el arte.

    Me encanta leerlo de la mano de alguien que, como tú, se dedica a ambas cosas ¡Te sigo también!

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